EXIGIMOS LIBERTAD DE EXPRESIÓN PARA LOS MEXICANOS

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Por: FRENTE NACIONAL POR LA FAMILIA - 07/12/2021

Súmate firmando al llamado que nos hace Mons. Ramón Castro, Secretario General de la Conferencia del Episcopado Mexicano, para que México sea siempre un país de libertades, donde reine la justicia, la paz y el respeto a la conciencia y creencias del pueblo.

 Exigamos a las autoridades respeten el derecho a la libertad religiosa que está Consagrado en la Constitución y Tratados Internacionales signados por México.

La historia de nuestro país da testimonio del altísimo precio que ha pagado nuestro pueblo para preservar su derecho a la fe y la religión. Por muchos años Dios y Libertad fue la bandera de miles de mexicanos que defendieron su derecho de profesar la religión y educar a sus hijos conforme a sus convicciones. Algunos cayeron bajo la violencia del gobierno autoritario que pretendía anular las libertades fundamentales amparado en legislaciones absurdas y retrógradas.

La libertad conquistada con la sangre de miles de mexicanos tuvo que esperar más de setenta años a que la legislación reflejara la verdadera voluntad del pueblo de México que había soportado heroicamente los abusos de gobiernos antirreligiosos y no fue hasta 1992 que se hicieron algunas reformas para tratar de eliminar de nuestras leyes el anticlericalismo trasnochado. Hoy, cuando en nuestro país se deben garantizar los derechos humanos sin excepción, es una vergüenza que se pretenda callar las voces que denuncian a las ideologías, la corrupción y el autoritarismo con que se conducen algunos políticos en nuestro país.

Nos preocupan los signos de autoritarismo que quieren silenciar a nuestros Obispos y sacerdotes, signos que no son nuevos, pues esta actitud, cuando se expresa desde el poder público, ya ha sido fatal y terrible, como cuando se asesinó al Arzobispo de Guadalajara, Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, el 24 de mayo de 1993, o cuando se atentó contra la salud física del Cardenal Juan Sandoval Íñiguez y se le persiguió desde las instituciones del Estado con acusaciones falsas que nunca pudieron ser demostradas por la Procuraduría General de la República. Las recientes sentencias del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación sobre los dichos de nuestros pastores no solo preocupan por su falta de sentido común, sino por que pretenden anular la voz de quienes no buscan otra cosa que orientar al pueblo de México para que reflexione sobre los valores que es justo vivir y exigir en la vida pública por el bien de nuestro país. Creemos, junto al memorable tepatitlense Anacleto González Flores, que toda aquella legislación, sentencia o política pública, inspirada en la ideología y el anticlericalismo, es como “una máquina de guerra contra el Cristianismo y contra el sacerdote, y es también un ariete que derribará todas las resistencias que pueden ser un baluarte de la Libertad y un obstáculo insuperable para el absolutismo de los poderes públicos”.

Por ello, en Tepatitlán, en Los Altos de Jalisco, una región de hombres y mujeres valientes que dieron muestra de valor y coraje frente al gobierno autoritario que con desprecio a los valores más arraigados del pueblo mexicano se atrevió a mancillar su fe y amedrentar a ministros de culto y fieles para que no manifestaran su piedad, devoción y convicciones religiosas. Ese gobierno de Plutarco Elías Calles fracasó entonces, como fracasará otra vez cualquier gobierno que intente negar la libertad del pueblo a vivir su fe, educar a sus hijos según sus convicciones y hacer profesión pública de sus creencias.

Una sana laicidad exige de quien ejerce el poder político y la responsabilidad pública el compromiso irrenunciable de garantizar el derecho a la libertad religiosa de todos los mexicanos, sin condicionantes ni interpretaciones torcidas por la ideología, que anulen el ejercicio pleno de los derechos fundamentales de los ciudadanos. Hagamos realidad el Estado Laico que no es de ninguna manera antirreligioso, jacobino, ni busca anular las creencias religiosas de los ciudadanos, por el contrario, una auténtica laicidad estimula la presencia de los valores y los sentimientos religiosos que contribuyen a la paz, la justicia y la solidaridad entre los ciudadanos.

Hacemos un firme llamado al Presidente de la República y sus Secretarios, los Ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, a los Legisladores, Gobernadores, Presidentes Municipales y funcionarios de todos los órdenes de gobierno, a que hagan a un lado la tentación de comportarse como los nuevos “Elías Calles” y atiendan al mandato que les ha sido dado de defender la Constitución Política y las leyes que de ella emanan.

La libertad religiosa es un derecho humano fundamental que está Consagrado en la Constitución y Tratados Internacionales signados por México.

No es por el camino de la represión por el que vamos a sanar las heridas del pueblo de México que sufre de inseguridad, corrupción, impunidad, injusticias, deterioro económico, incapacidad de las instituciones de salud y seguridad social, así como de la incompetencia de los gobiernos en todos los niveles. Para que nuestro país renueve su tejido social, es indispensable dejar que los ciudadanos expresen, vivan y compartan sus convicciones más profundas, cimiento de su identidad, de su cultura y su vida social.

Nunca más un gobierno en México que pretenda imponer su visión unilateral de forma autoritaria sobre lo que los mexicanos deben creer y pensar, ni cómo han de educar a sus hijos. La auténtica revolución de las conciencias es la que ha hecho el pueblo de México al demostrar a los gobiernos anti religiosos y que han odiado la fe, que México es y seguirá Siempre Fiel. Esa ha sido la auténtica revolución de las conciencias de un pueblo digno de una gesta heroica por defender la libertad religiosa y su derecho a creer y profesar la fe en privado y públicamente sin ser molestado por ello, ni obligado a renunciar a los dictados de su conciencia.

Hacemos un llamado a la sociedad, sumados a la petición de Mons. Ramón Castro, Secretario General de la Conferencia del Episcopado Mexicano, para que México sea siempre un país de libertades, donde reine la justicia, la paz y el respeto a la conciencia y creencias del pueblo.

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